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Thursday, February 21, 2008

Mártires de nuestro tiempo

Las persecuciones contra los cristianos se producen en la mayor parte de los casos en países de mayoría islámica. Iglesias incendiadas y profanadas en Indonesia, pueblos y escuelas cristianas destruidos en Nigeria, conversiones forzosas al Islam en los campos de refugiados de Sudán, fieles asesinados en Egipto, misioneros secuestrados y masacrados en el sur de Filipinas o material religioso requisado en Arabia Saudita

CAMILLE EID

En muchos lugares proclamar la fe cristiana equivale a arriesgar la vida. La masacre de 18 fieles paquistaníes en el interior de la iglesia de Santo Domingo en Bahawalpur, el pasado 28 de octubre, es tan sólo el último episodio de una tácita persecución que viene de lejos en Pakistán, hoy indispensable aliado de Occidente en la guerra contra el terrorismo. Allí se asiste, de hecho, desde hace años a una adecuación de la ley islámica a las instituciones del país. Los cristianos denuncian en particular algunas disposiciones del Código Penal, como la Ley sobre la Blasfemia, que castiga con pena de muerte a quienquiera que sea acusado de ofender a Mahoma y condena a cadena perpetua a todo el que ofenda el Corán. A pesar de las garantías sobre la tutela de los derechos de las minorías, los abusos de esta ley por parte de individuos o grupos radicales islámicos son frecuentes. En 1998, en señal de protesta contra la condena a muerte de un joven católico, el obispo de Faisalabad, John Joseph, se disparó un tiro en la cabeza tras haber dirigido una vigilia de oración contra un poder opresivo disfrazado de motivos religiosos. La decisión del general Musharraf de contener “los abusos” en la aplicación de la ley que se han comprobado, ha provocado las protestas de algunos dirigentes musulmanes. La voz de ciertos religiosos resonaba como un trueno: «La maldición de Alá caerá sobre quien ose enmendar la ley».

Desde luego, atrocidades no faltan. En mayo de 2000, algunos hombres enmascarados detuvieron un furgón cerca de Lahore con trabajadoras obreras que regresaban de su trabajo y separaron a las cristianas de las musulmanas. Entre las primeras había ocho muchachas que fueron violadas repetidamente bajo la amenaza de las armas. Sucesivamente se logró arrestar a los culpables, que resultaron ser miembros de Lakshar-e-Taiba, una organización integrista musulmana. Antes del proceso, Ashiq Masih, tío de una de las víctimas, fue detenido por cuatro hombres que lo golpearon y amenazaron de muerte si no retiraba la denuncia.

Más trágica aún es la situación de los 40 millones de cristianos que viven en Nigeria. Masacres y asesinatos están a la orden del día en el norte del país. En esa zona una veintena de estados regionales (Zamfara, Sokoto, Kano) han introducido o piensan introducir la ley coránica. Las tensiones desembocaron a finales de febrero de 2000 en enfrentamientos en la ciudad de Kaduna y en el estado de Abia, con el resultado de unos mil muertos, entre ellos muchos religiosos. El portavoz de la diócesis de Kaduna, Peter Yakubu, afirma que los extremistas habían ofrecido una recompensa de 100.000 nairas (alrededor de mil dólares) por la cabeza de cada sacerdote: fueron asesinados tres párrocos, ocho seminaristas y 38 pastores de varias iglesias protestantes, entre los cuales se encontraba el padre Clement Ozi Bello, de 26 años, un converso del islam. Enfrentamientos que se retoman con mayor o menor fuerza tras las incursiones aéreas americanas contra los talibanes afganos y que han dejado centenares de víctimas inocentes.

En el sur de Filipinas también está apunto de estallar un nuevo conflicto. El Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN) amenaza con romper el acuerdo alcanzado en 1998 con el Gobierno de Manila, para retomar su guerra por la independencia de las regiones meridionales, donde se halla concentrada la minoría musulmana. Pero el grupo terrorista de Abu Sayyaf actúa ya hace tiempo contra los cristianos de la zona. En abrilde 2000 decapitaron a dos profesores cristianos, escogidos entre 29 católicos secuestrados de dos escuelas de la provincia de Basilan. Para liberar a los rehenes, los terroristas habían exigido - además de la excarcelación de un jefe suyo detenido en los EEUU - la prohibición de las cruces en la isla de Mindanao, donde reivindican la creación de un estado islámico independiente. Pocos meses después, los rebeldes islámicos del grupo raptaron nuevamente a 21 cristianos de la provincia de Lanar del Sur, masacrándolos en el interior de una mezquita.

Se encuentra en peligro también la secular convivencia islámico-cristiana en Egipto, donde el año del jubileo se inauguró del peor modo posible. Un enfrentamiento entre dos comerciantes, uno copto y otro musulmán, que estalló en el pueblecito de Al- Kosheh, a 440 kilómetros del sur del Cairo, degeneró en saqueos que se propagaron sucesivamente a los pueblos vecinos causando 25 muertos, todos ellos cristianos. En este país, donde el islam es la religión del Estado, la igualdad de “todos los ciudadanos ante la ley”, proclamada por la Constitución, es con frecuencia teórica y los cristianos tienen difícil acceso a los puestos claves y encuentran muchas dificultades para edificar o restaurar iglesias. El Alto Egipto, el área de mayor concentración de cristianos, es la misma donde actúan los integristas islámicos: más de 1400 muertos desde 1992, de los que, al menos, 160 eran coptos. Los atentados suelen dirigirse contra funcionarios del Estado o turistas, pero afectan también a los cristianos del lugar. En 1997 un comando islámico asesinó a 12 cristianos dentro de la iglesia de Abu Qorqas y, tres semanas después, otro comando irrumpió en los negocios coptos de Nag Hammadi, disparando a bocajarro.

Menos conocida es la situación de los cristianos en otro país “amigo de Occidente”, Arabia Saudita, donde todo culto religioso que no sea musulmán, incluso las prácticas privadas, se considera furtivo. Los más afortunados de entre los 600.000 cristianos inmigrantes en el reino deben recurrir a ámbitos extraterritoriales, como las embajadas, para poder reunirse. Aquellos a quienes sus representaciones diplomáticas niegan tal oportunidad, se ven obligados a formar grupos clandestinos de oración o de estudio de la Biblia, que se reúnen en casas privadas. Obviamente, nadie participa en estas reuniones sin correr un riesgo, porque la policía religiosa siempre está al acecho. El último suceso habla del arresto de 16 filipinos (entre ellos, cinco niños) que fueron sorprendidos leyendo y comentando la Sagrada Escritura en un apartamento de Riad.

La introducción de la Ley Islámica en 1983 supuso el primer acto de islamización “desde las altas esferas” en Sudán. El gobierno militar del general Omar-al-Bashir, que llegó al poder en 1989 mediante un golpe de estado favorecido por el Frente Nacional Islámico de Asan al-Turabi, llama “jihad” a la guerra que enfrenta al norte, musulmán, con el sur, cristiano y animista. Las atrocidades y discriminaciones que han sufrido los cristianos en 18 años de guerra son innumerables: desde la fustigación y posterior crucifixión de cuatro catequistas de la diócesis de Rumbeck por su negativa a convertirse al Islam, hasta el rapto de los niños de la etnia Toposa para ser encauzados en un programa de educación islámica, e incluso, la reducción a la esclavitud de miles de fieles cristianos. En enero de 1999, la asociación suiza, Chistian Solidarity International “compró” y liberó a 1.050 sudaneses, pagando a los traficantes musulmanes un “precio” medio correspondiente a 50 euros por persona.

La guerra civil que estalló en 1992 en Argelia ha afectado muy de cerca a la minoría cristiana. Diecisiete sacerdotes y monjas que decidieron quedarse para testimoniar el mensaje del amor en este país de mayoría musulmana han pagado el tributo de sangre. Tras estos nuevos mártires, cuatro misioneros del padre Bianchi fueron brutalmente masacrados en Tizi Ouzou, a finales de 1994. Siete monjes trapenses del monasterio deTiberine fueron raptados y decapitados por la GIA en marzo de 1993, y hasta el mismo obispo de Orán, monseñor Pierre Clavarie, conocido como “el obispo de los musulmanes” por su pasión por el diálogo con el Islam, fue asesinado mediante una bomba en agosto de 1996.

También en Indonesia las tensiones políticas y sociales, que culminaron con la guerra de la independencia de Timor Oriental, desembocaron en un áspero conflicto entre musulmanes y cristianos. Se calcula que en las Molucas, donde los cristianos constituyen la mayoría de la población, fueron asesinadas 5.000 personas en dos años y el número de dispersados asciende a medio millón. Los movimientos que luchan por imponer la shari’a islámica en el país de la Pancasila, la doctrina oficial multirreligiosa, no ahorran medio alguno en alimentar el miedo de los cristianos y hacer que el conflicto “interreligioso” se torne aún más disgregador y llame más la atención, desde del envío de voluntarios muyahidines contra la independencia de Timor Oriental hasta las serie de explosiones que acontecieron la víspera de la pasada Navidad y que dañaron numerosas iglesias de la capital, entre ellas, la catedral católica, causando 14 muertos y decenas de heridos.

Source: HUELLAS Revista internacional del movimiento de Comunión y liberación

Monday, October 29, 2007

San Francesco e l'Islam

di Marco Meschini

Saint Francis of AssisiUn santo realista, un “folle di Dio” con i piedi ben piantati per terra. La figura del santo patrono d’Italia “purificata” dal pacifismo che lo circonda. Amante del dialogo, ma per la conversione degli infedeli.

[Da «il Timone» n. 61, marzo 2007]

Quando si parla di rapporti tra mondo cristiano e mondo islamico, capita spesso che qualcuno citi il caso di san Francesco (1181-1226), più o meno in questi termini: «Si dovrebbe testimoniare il Vangelo come fece Francesco, in sottomissione e silenziosa discrezione; e quindi non si dovrebbe cercare di convertire nessuno, come san Francesco non voleva che si facesse». Ebbene, è corretta una simile visione?

In parole...

Innanzitutto va detto che questa interpretazione del pensiero e dell’azione del santo di Assisi deriva in particolare da un libro notevole e influente, scritto dallo storico Giovanni Miccoli e intitolato Francesco d’Assisi. Realtà e memoria di un’esperienza cristiana. In quel volume Miccoli sostenne che Francesco voleva «realizzare una presenza cristiana priva di ogni ricerca di proselitismo». In altri termini, il santo assisiate avrebbe visto ogni tentativo di annuncio attivo del Vangelo - orientato cioè alla conversione del non cristiani — come una sorta di “ingerenza”, persino di violenza e di contrario allo spirito evangelico, intriso di sottomissione, rinuncia, povertà “assoluta” e testimonianza “pura”.

Per sostenere questa tesi Miccoli cita la Regola non bollata (cioè non approvata dalla Chiesa, stesa tra il 1209 e il 1221) che al capitolo 16 recita: «I frati che vanno tra gli infedeli [e in specie tra i saraceni] possono vivere e comportarsi con loro, spiritualmente, in due modi. Un modo è che non suscitino liti o controversie, ma siano soggetti, per amore di Dio, a ogni umana creatura, e confessino di essere cristiani». Queste parole, certamente di Francesco, sembrano confermare quella lettura; tuttavia è necessario proseguire nel testo di quello stesso capitolo 16, che aggiunge immediatamente: «Un altro modo è che, quando vedessero che piace al Signore, annuncino la parola di Dio, affinché quelli credano in Dio onnipotente, Padre e figlio e Spirito Santo, creatore di ogni cosa, il Figlio redentore e salvatore; e siano battezzati e diventino cristiani, poiché chi non nasce dall’acqua e dallo Spinto Santo, non può entrare nel regno di Dio».

Si tratta di parole molto chiare, che indicano al frate francescano (e, potremmo dire, al cristiano in genere) la necessità di cogliere le occasioni propizie per testimoniare esplicitamente e “attivamente” la buona novella, «affinché quelli credano in Dio onnipotente, Padre e Figlio e Spirito Santo, creatore di ogni cosa, il Figlio redentore e salvatore». Sono contenuti essenziali del Cristianesimo, ovvero la Trinità e la figura umana e divina di Cristo, morto e risorto per la salvezza dell’umanità. E si badi che si tratta proprio di quei punti che l’Islam nega esplicitamente: per l’Islam, infatti, Allah è Dio uno e indivisibile e l’idea cristiana della Trinità è un’assurdità quando non, peggio, una forma di idolatria, ovvero di abominio da distruggere. Ed è poi vero che il Corano riconosce in Cristo un grande profeta, precursore di Maometto; ma appunto Cristo, in quest’ottica, non è nient’altro che un uomo, per quanto eccezionale (inferiore comunque a Maometto), e non può in alcun modo essere Dio. Tanto è vero che, per il Corano, Cristo non è mai morto in croce e quindi non è neppure — e tantomeno — resuscitato.

Sono punti essenziali di diversità tra Cristianesimo e Islam, che Francesco mostra di conoscere esattamente e di voler mettere a fuoco nell’attività missionaria del suoi frati. Lo scopo, poi, non è “semplicemente” di testimonianza, o meglio lo è nel suo senso più pieno, orientato cioè alla salvezza delle anime, che devono essere «battezzate» e «diventare cristiane», il che significa necessariamente staccarsi dal corpo dell’Islam per entrare nel corpo storico e mistico della Chiesa e di Cristo. Mi paiono parole nette, che smontano da sé il preteso “irenismo” a oltranza di Francesco: il santo di Assisi sperava e voleva che anche i musulmani (come gli altri infedeli) conoscessero la Grazia di Cristo, quella stessa che lo aveva toccato da giovane e gli aveva radicalmente trasformato l’esistenza.

Come ha ben scritto Claudio Leonardi, uno del massimi esperti mondiali della mistica cristiana medievale, «Francesco non ha timore di fare proseliti: il proselitismo, cioè la conversione e l’ingresso dell’infedele tra i fedeli di Cristo e della Chiesa, è nella logica della predicazione e di ogni azione apostolica, anche se la conversione resta solo opera divina».

...e opere

Quanto abbiamo visto sin qui riguarda soprattutto il pensiero e la parola scritta di Francesco. Tuttavia egli si pose questo problema anche dal punto di vista pratico: volle cioè portare personalmente il Vangelo in terra islamica.

Dopo un paio di tentativi falliti, fu nel 1219 che il santo riuscì a entrare in contatto con gli infedeli, durante la quinta crociata. L’episodio è a volte liquidato come un evento minore e secondario della sua biografia, perché Francesco rimase solo qualche giorno presso i musulmani, senza peraltro ottenere un particolare successo.

Ma, anche in questo caso, è una lettura riduttiva: che un uomo del Medioevo provi per tre volte a superare il “confine”, geografico e spirituale, che divideva la Cristianità del tempo dal mondo islamico; che lo faccia a suo rischio e pericolo, accompagnato solo da un altro frate (di nome Illuminato); che cerchi di parlare — e ci riesca! — con il sultano d’Egitto, ovvero con l’autorità somma del potere islamico in quel momento; e infine che torni indietro sano e salvo... beh, son tutte cose eccezionali, non secondarie, come scrisse Dante nella Divina Commedia (Paradiso 11,100-105).

Orbene, che cosa accadde? Nel giugno del 1219 Francesco e Illuminato raggiunsero il campo dei crociati che assediavano Damietta da qualche tempo. Tra la fine di quell’estate e l’inizio dell’autunno, i due frati attraversarono la “terra di nessuno” che divideva i crociati dai musulmani e chiesero di parlare con il sultano al-Kamil, discendente del grande Saladino. Sul fatto che i due si incontrarono e che, tramite interpreti, si parlarono, nessuno oggi dubita più.

Ciò che divide gli storici è semmai il contenuto del loro discorso, che diventa altamente dibattuto per il suo valore simbolico.
Non abbiamo nessun ricordo personale del santo, né cronache musulmane che ci riportino i contenuti di quel celebre incontro. Tuttavia, tra le fonti di parte cristiana ne spicca una contenuta nella biografia di Francesco scritta da san Bonaventura alcuni decenni dopo e che riporta la testimonianza di frate Illuminato. Eccone un passo decisivo. Il sultano si sarebbe così rivolto al santo: «Il vostro Dio ha insegnato nei suoi Vangeli che non si deve rendere male per male... Quanto più dunque i cristiani non devono invadere la nostra terra?». Niente male: al-Kamil usò il Vangelo come strumento per accusare i crociati di violenza e aggressione. Ma sentiamo la replica di Francesco: «Non sembra che abbiate letto per intero il Vangelo di Cristo nostro Signore. Altrove dice infatti: “Se un tuo occhio ti scandalizza, cavalo e gettalo lontano da te”..., con il che ci volle insegnare che dobbiamo sradicare completamente... un uomo per quanto caro o vicino — anche se ci fosse caro come un occhio della testa — che cerchi di toglierci dalla fede e dall’amore del nostro Dio. Per questo i cristiani giustamente attaccano voi e la terra che avete occupato, perché bestemmiate il nome di Cristo e allontanate dal suo culto quelli che potete. Se pero voleste conoscere il creatore e redentore, confessarlo e adorarlo, vi amerebbero come loro stessi».

Insomma, in un colpo solo Francesco difese l’opera del crociati e propose al sultano la conversione. È vero che questo dialogo non è direttamente attribuibile a Francesco; tuttavia è l’unico resoconto disponibile di un testimone oculare, frate Illuminato, e non c’é un motivo specifico per non utilizzarlo, sia pure con cautela.

Il Francesco che emerge è un santo eccezionale, che brucia dal desiderio di testimoniare in parole e opere la verità di Cristo e del suo Vangelo; e che si espone personalmente alla violenza e alla morte per suo amore. Sempre secondo le fonti cristiane, in effetti, Francesco propose al sultano anche un “giudizio di Dio” con i sufi islamici presenti: ovvero li sfidò ad affrontare i carboni ardenti per dimostrare la veridicità delle rispettive fedi. Ma quelli rifiutarono, e tra di loro vi fu forse un certo Fakhr al-Farisi, celebre consigliere del sultano, sulla cui tomba è scritto che ebbe «un famoso caso con un monaco cristiano».

Sappiamo anche che a quel punto Francesco propose di affrontare da solo la prova del fuoco, ma il sultano si oppose. Il santo poté quindi predicare ai musulmani, ma — sembra — senza ottenere successo. Tornò quindi al campo crociato e poi in Italia.

Conclusioni

Francesco sapeva che i musulmani negano la divinità di Cristo, “bestemmiando” — tecnicamente parlando, non moralmente — il suo nome. Per questo si adoperò in parole e opere perché divenissero cristiani. Anche in questo caso, dunque, Francesco e il perfetto cavaliere di Dio. Pacifico, ma non pacifista. Amante, ma non succube. Innamorato di Dio, e non delle lodi del mondo.

Bibliografia

La letteratura francescana, a cura di Claudio Leonardi, 4 voll., Fondazione Lorenzo Valla, 2004.
M. Meschini, Le crociate di Terrasanta, I Quaderni del Timone, Ed. Art, 2006.
Giovanni Miccoli, Francesco d’Assisi. Realtà e memoria di un’esperienza cristiana, Einaudi, 1991.

Ricorda

«Francesco d’Assisi è il prodotto più rappresentativo ed ortodosso della Chiesa delle crociate (...) Non è affatto il personaggio che generalmente ci viene presentato adesso. Non era il precursore dei teologi della liberazione. Né tantomeno fu l’araldo dl un cristianesimo dolciastro, melenso, ecologico-pacifista: il tipo che ride sempre, lo scemo del villaggio che parla con gli uccellini e fa amicizia con i lupi».
(Franco Cardini, in Vittorio Messori, Pensare la stona. Una lettura cattolica dell’avventura umana, Sugarco, 2006, pp 164-165).

© il Timone - (Contro la leggenda nera)

Monday, September 17, 2007

El Islam: una anti-religión cuya única finalidad es acabar con el cristianismo

Mahoma era un árabe que, según cuentan sus biógrafos, estaba un día en una cueva y se llevó el susto de su vida. Volvió corriendo a su casa y se metió en la cama temblando. Cuando Jadiya, su esposa, le vio así le preguntó qué le pasaba. Mahoma le dijo que había visto al diablo en una cueva. Ella le persuadió para volver a la cueva por si no era el diablo. Mahoma volvió a la cueva y allí alguien, que dice llamarse Yibril y la tradición islámica interpreta como el ángel Gabriel, le revela una nueva religión.
En este punto conviene recordar las palabras de San Pablo en Gálatas 1.8:
Me maravillo de que abandonando al que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio [7]- no que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren deformar el Evangelio de Cristo -. [8]Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!
Es decir, San Pablo dice que aunque venga un ángel del cielo y nos revele otro evangelio, no debemos creerlo.
Pues bien, mi amiga V., me explica que si existe Dios y existe el diablo, nada impediría al diablo revelar una anti-religión cuya única finalidad sea acabar con el cristianismo en el mundo. Según ella a Mahoma se le aparece Satanás y el Islam (su religión revelada) no es más que el reverso oscuro de la religión del amor. Por ello el Islam reinstaura el odio (ojo por ojo y diente por diente). Y establece una serie de ritos que no son más que copias tergiversadas de ritos cristianos: el ayuno, la oración (siguiendo la costumbre monástica de las cinco oraciones diarias), etc. Una anti-religión que se extiende por el mundo y en cuyo germen está el odio al cristianismo y, por extensión, a toda la civilización occidental.
Source: Islam, posibles explicaciones

Saturday, September 15, 2007

L'Islam n'a pas deux visages

Y aurait-il deux Islams? L’un guerrier et l’autre tolérant et pacifique? Tout comme M. Alcader et son ouvrage «le vrai visage de l’islam», Anne-Marie Delcambre lève le voile sur ce qui apparaît bien être un attrape nigauds!
Pour ne pas avoir à accuser l’islam de violence et de terrorisme, les occidentaux non musulmans et certains musulmans occidentalisés ont inventé “l’islamisme”. Idéologie politique et guerrière, l’islamisme n’aurait, selon eux, absolument rien à voir avec l’islam religion. En d’autres termes, il y aurait deux islams: l’islam éclairé, ouvert, pacifique, religion d’amour, de tolérance et de paix – et ce serait la religion pratiquée par la grosse majorité des musulmans qui ne demanderaient qu’à pratiquer leur religion dans la tranquillité – et l’autre islam -l’islamisme- obscurantiste, fermé sur lui-même, sectaire, fanatique, guerrier, un islam politique, déviant et malade et qui n’aurait rien à voir avec le premier, le vrai, le bon, le juste, le rayonnant, le modéré, le mystique, le frère du judaïsme et du christianisme, dont la haute spiritualité conduirait de nombreux non musulmans à se convertir. Cette invention des “deux islams” est extrêmement pratique car elle rassure l’Occident non musulman sur la nature de l’islam. Malheureusement il s’agit là d’un énorme mensonge car il n’y a qu’un seul islam et il n’a pas deux visages mais un seul à facettes multiples. La facette mystique et la facette terroriste sont les deux extrêmes, mais de nombreuses facettes se situent entre ces deux facettes extrêmes et toutes ont toujours coexisté et s’abreuvent aux mêmes sources, le Coran, considéré comme la Parole de Dieu et la personne de Muhammad -Mahomet- qui constitue pour tous les musulmans, sans exception, le beau modèle à suivre, comme le prescrit le Coran. (Sourate 33, les Factions, verset 21 “Vous avez dans l’Apôtre d’Allah, un bel exemple (uswatun Hasanatun) pour quiconque espère en Allah et au Dernier Jour et invoque (dhakara) Allah fréquemment”)[Traduction Régis Blachère]. Or, dans le Coran, Parole de Dieu, il est difficile de nier que les ordres de Dieu n’appellent à la paix que lorsqu’il n’est pas possible de faire autrement... Dans la sourate 47, Muhammad (Mahomet), verset 35 ou 37, il est prescrit “Ne faiblissez donc pas! N’appelez point à la paix alors que vous avez la supériorité! Allah est avec vous et Il n’abolira pas vos [louables] actions”. Et ces ordres de Dieu, il serait sacrilège d’y toucher. Les paroles divines emprisonnent le croyant, lequel n’aurait jamais l’idée d’en sortir. Comme le fait remarquer Jean-Paul Roux, dans son dernier livre “les Ordres d’Allah”: “Au cours des siècles, on en a fait des commentaires [de ces paroles], on les a expliquées, on a essayé de tirer au clair ce qu’elles avaient d’obscur. On ne les a jamais contestées. Toutes les tentatives d’interprétation libérale ont été vouées à l’échec, que ce soient celles des mutazilites du IX ème siècle, qui soutenaient la théorie d’un Coran créé, et non pas incréé, ou celles des chiites ismaéliens qui en faisaient une lecture ésotérique. Toute personne qui prétend user de son intelligence, de son jugement, de sa science pour aboutir à des conclusions même justes, mais opposées au sens obvie est dans l’erreur car son intelligence, son jugement, sa science ne sauraient égaler ceux d’Allah. Il en découle que toute étude historique et épistémologique semblable à celles qui ont été réalisées en Occident sur la Bible et les Evangiles est impensable et n’a effectivement pas lieu.”
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